sábado, 14 de agosto de 2010

La primera vez que vi un sujeto hablando solo

Tenía ya diez años de estar viviendo en este mundo y uno de estar en la ciudad, desde luego no hay nada para mí como el campo, pero tengo que reconocer que la oportunidad que me había dado mi tío de poder estudiar en un buen colegio privado no la tienen muchos niños y por tal motivo debía aprovecharla. Cada día al terminar la jornada escolar me tocaba llegar hasta el restaurante de mi tío que quedaba a dos cuadras del colegio para poder salir desde allí a recoger a mi primo pequeño en la guardería.

Recuerdo que esa tarde llegué al restaurante y no había mucha gente, mi tío me pidió que me sentara en una mesa y lo esperara mientras el organizaba unas cuentas. Decidí subir al segundo piso y sentarme en una de las mesas frente a la gran ventana desde la cual se puede ver la calle y los carros transitar, pasé frente a un señor que estaba en una mesa para dos y llevaba puestas unas gafas de sol, ya yo estaba sentado cuando me di cuenta que un camarero le servía una copa de vino al extraño sujeto de gafas oscuras, se me hizo muy raro, ya que si bien la luz del sol entraba por el enorme ventanal no era necesario usar gafas de sol dentro del restaurante, de todas formas le resté importancia a eso y seguí mirando por la ventana.

Pasados unos cinco minutos escuché a alguien hablar, no tardé mucho para darme cuenta que era el hombre de las gafas oscuras, no entendía para nada lo que decía. Me di cuenta que él pronunciaba algo y luego permanecía en silencio, movía la cabeza como afirmando y negando, volvía a decir algo y se quedaba callado nuevamente, miré hacia atrás para asegurarme que no estuviera dirigiéndose a otra persona…pero nada, sólo estaba yo. Unos tres minutos después de seguir susurrando y callando el hombre tomó un trago de su copa de vino y empezó a reírse, no sé de qué podía estarse riendo conmigo, yo ya estaba a punto de sufrir un ataque de nervios, y lo peor era que ni al camarero o al sujeto que atendía el bar parecía molestarles ¿cómo era posible que dejaran entrar a un loco que hablaba y reía solo sin ni siquiera haber motivo alguno?

Algo no andaba bien, tal vez ya había tomado mucho antes que yo llegara y era el vino que ya empezaba a hacer efecto, no me sentía para nada cómodo, el hombre volvía a reír y susurrar, era suficiente, ya quería bajar al primer piso. El pequeño inconveniente era reunir el valor para pasar frente al viejo ebrio de gafas oscuras cuya mesa estaba justo al lado de las escaleras, me levanté de la mesa y respiré profundamente, pensé por un momento en pedirle al camarero que me acompañara al primer piso, pero de sólo imaginarme pidiéndole ese favor me daban ganas de irme a reír junto con el hablador solitario, no piensen que soy un cobarde.

Era sencillo, pensé, pasar caminando rápido por la mesa del extraño sujeto y no prestar atención a sus locas burlas, caminaba con la mirada hacia el piso cuando estando a unos dos paso de la mesa el hombre se puso de pie y dijo: -estás en serios problemas muchacho. No tuve tiempo de pensar, simplemente cerré los ojos y grite tan fuerte como podía hasta que unas manos me agarraron por los hombros y me estremecieron. Mi tío me había escuchado gritar y me preguntaba qué pasaba.

-Es el de las gafas, ha dicho que estoy en un problema…yo no…yo no he hecho nada.

- ¿qué ha pasado, hay algún problema? Preguntó el de las gafas. – Usted sabe muy bien qué es lo que pasa, ha estado riéndose y hablando sólo desde que llegué y no me ha quitado la vista de encima, dije yo mirando a mi tío.

- Pero niño ¿qué es lo que dices? ni siquiera sabía que estabas aquí, no te das cuenta acaso que soy ciego…no puedo ver ni la copa en la que estoy tomando el vino. Además, todo este tiempo he estado hablando por el manos libres del celular con mi hijo que estaba de vacaciones en otra ciudad y me estaba contando las travesuras y problemas que causó en casa de sus abuelos.

Esa sí que fue una buena respuesta, y si a eso le sumamos mi ignorancia en cuanto a tecnología, simplemente nada que hacer salvo pasar una gran vergüenza y guardarlo como una anécdota más de mi vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario